Lady Catherine novela romántica s.XIX


Lady Catherine es una novela romántica ambientada en el periodo de regencia de principios del siglo XIX

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El Buzón de Lady Catherine Rosen.

jueves, 3 de julio de 2014

Capítulo Siete: En el balcón. 18 de Abril de 1812

Permanecí un buen rato allí asomada al balcón observando las estrellas de aquella noche tan despejada, intentando distinguir a las parejas que salían secretamente al jardín por la puerta del piso de abajo, oyendo lejanas conversaciones y las canciones que iban sonando una tras otra. Poco a poco me fui calmando y aunque no me apetecía volver, llevaba mucho tiempo separada de mi grupo y estaba segura de que a mi hermano eso no le parecería adecuado.

Suspiré, armándome de la voluntad necesaria para ser amable y sonreír el resto de la velada. Me había propuesto convertirme en la mujer que Charles me dijo que debía ser, así que eso implicaba relacionarme socialmente, comportarme de forma adecuada, ser aceptada por los demás... Me giré para entrar de nuevo al salón y me asusté con la presencia de un intruso en mi aislado balcón.

—¿Qué hace usted aquí? —Podía oír los latidos de mi corazón golpeando en mis oídos.

—Empezaba a pensar que íbamos a pasar toda la noche aquí afuera, helándonos bajo el rocío nocturno —Lord Wellington estaba allí parado, en una pose cómoda y despreocupada con la espalda apoyada en la pared, junto a la puerta de entrada al salón.

—Me disponía a entrar ahora mismo —Caminé hacia la puerta decidida a volver a la fiesta, pero su mano aferró mi brazo impidiéndome abandonar el balcón—. ¡Suélteme Lord Wellington! —exclamé alarmada, aun estaba bajo los efectos del sobresalto.

— Quédate.

Una única palabra susurrada, en un tono tan suave y suplicante que ignoré la fuerza con la que me sujetaba del brazo. Asentí una sola vez, entregando la llave maestra que consiguió aflojar el amarre de su mano. En cuanto sus dedos se separaron de mi piel sentí el recuerdo tatuado en la carne para siempre. Wellington permaneció como una estatua solemne, mirándome en silencio lo que me pareció dos, quizás tres minutos. Instintivamente comencé a ponerme nerviosa.

— ¿Qué te ocurre Cath?

— Nada —contesté también con un leve susurro.

—No parece que sea "nada". Nos conocemos desde hace...

Interrumpí sus palabras al enfrentar sus ojos claros, brillantes en aquel lugar a pesar de la escasez de iluminación.

— No estoy teniendo una buena noche milord —Una sacudida de valentía me recorrió de pies a cabeza, el rescoldo de antiguas disputas entre nosotros, pero aun así algo me impulsó a ser sincera—.  Parece que he estropeado muchas cosas y prefiero mantenerme al margen, así no volverá a ocurrir.

—¿Escondiéndote toda la noche en un balcón?

— No estoy escondida —Ahí estaba de nuevo el Wellington de siempre provocando mi ira—. Estaba intentando... despejar ideas.

Intenté sonar confiada pero mi voz acabó resultando temblorosa.

—¿Ideas sobre como mantenerte alejada de mí?

—No seas presumido —espeté dando unos pasos hacia atrás, alejándome del influjo de sus ojos grises.

Wellington sonrió levemente y caminó la distancia que tracé para separarnos, acercando su mano hasta mi rostro y atrapando un rizo revoltoso que hasta entonces se mecía suelto por la brisa.

—Mentirosa.

Colocó el pelo en un lugar más adecuado de mi peinado y acarició mi mejilla por un instante. Su expresión había cambiado, sustituyendo su sonrisa pícara por un semblante más serio y emocionado.

—Te he echado de menos James.

La confesión escapó de mi boca directa desde el corazón sin pensar, sin meditar las consecuencias. Dichas palabras fueron un detonante para que, tanto Wellington como yo, despertásemos del trance de aquel mágico momento.

El me observó con nuevos ojos llenos de preguntas. Cuestiones que ni yo misma sabía como contestar. Me entró el pánico. Necesitaba encontrar una salida. Me dirigí hacia la puerta y Wellington me retuvo cogiéndome de nuevo por el brazo.

—¡Suéltame!

—No. Espera por favor.

Forcejeamos y conseguí zafarme de su agarre o él permitió que me fuera sin más al comprobar que me era imposible permanecer más tiempo a su lado. Me marché de aquel balcón, asustada de mí misma y del alcance que podrían tener mis actos. Nuevamente estuve a punto de crear una situación incómoda con Lord Wellington, una acción que comprometería su amistad con mi hermano y la buena relación de nuestras familias.

Pero he de reconocer, aunque sea secretamente, que deseé contarle la verdad, decirle cuanto lo amaba y admiraba desde que.... desde que tengo uso de razón. Confesarle cuanto he insultado, despreciado y bromeado sobre sus perfectas cualidades, su agudo ingenio, su eterna sonrisa y sus hermosos ojos brillantes. Estuve a punto de admitir todo lo que en lo más hondo de mí mantuve enterrado durante años, me quedé al límite de arruinar mi reputación por completo e irremediablemente por declarar mis sentimientos a un hombre que en realidad no me quería.




...


6 comentarios:

  1. Muy inteligente presentarnos la situación exterior, para que a pesar de ella, las discursiones, los insultos, ..., entreveamos la realidad de los sentimientos de Catherine, y luego, veamos a la propia protagonista reconocerlos.
    Me ha gustado mucho tu forma de presentarlo. Gracias por compartirlo.

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  2. Que impulsiva es Cath! Ya era hora de que confesara que está loquita por los huesos del sr. Wellington. Veamos como sigue...

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    1. En realidad se lo a confesado a sí misma... todavía es un poco orgullosa n___n

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  3. Me encanta cómo está narrada la historia. La narración ha hecho de ese momento algo mágico :) Enhorabuena guapa!!! ^^

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    1. Gracias por pasarte a leer Sara.
      Este es uno de mis capítulos favoritos, me alegra que te haya gustado.

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Gracias por leer "Lady Catherine"

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